La sesión pasada llevamos a cabo una interesante discusión a partir del texto de Hall, La dimensión oculta. Tal charla nos llevó a un acalorado debate del cual podríamos concluir, en una suerte de resumen, lo siguiente.
La comunicación del hombre vinculada a nuestra capacidad de simbolización, y por tanto, a nuestra naturaleza de seres del lenguanje, es precisamente lo que nos hace, en ese plano, distintos del resto del los mamíferos. Los demás animales, como lo ha atestiguado Hall, llevan a cabo comportamientos que nosotros también llevamos a cabo; sin embargo, nosotros tenemos la posibilidad de ir más allá de lo inmediato. Así como lo hemos comentado en las diferentes sesiones, tenemos conciencia de nuestra finitud, y tenemos la capacidad de aprender del pasado, pero no sólo a través de la experiencia sino a través de ese cómulo de conocimientos expresados por medio de signos no fijos. También podemos proyectar, hablar del futuro. Los animales, por su parte, no dejan de interactuar, y por tanto establecer cierta comunicación, pero no bajo las características a las que he referido con respecto al ser humano. Efectivamente, hay una línea muy delgada, sutil, pero dicha línea es fundamental. Nuestra comunicación no verbal, y por supuesto verbal, como lo ha dado a conocer el propio Hall, está cobijada por esa dimensión invisible, que no es palpable, pues está tan inmersa a nosotros, que no la notamos. Es la dimensión cultural la que permea nuestros comportamientos, nuestras acciones, deseos, emociones, etc. Comemos, pero a esa acción le dotamos de significados culturales, alejados de la propia acción inmediata e instintiva de satisfacer el hambre.
Ahora bien, otro de los asuntos que surgieron en la sesión pasada fue la pregunta sobre el origen del lenguaje. Tal interrogante ha sido debatida por muchos pensadores y no se ha llegado a un acuerdo. Para Gadamer, gran filósofo alemán del S. XX, resultaría hasta cierto punto ocioso, preguntarse por el origen del lenguaje. Es como ir a la pregunta del huevo y la gallina. Tratar de situar el origen del lenguaje en un punto dertermidado resulta imposible. Lo que se podría pensar, en todo caso, es que desde que aparece el hombre (después de lo que algunos han llamado el eslabón perdido) el lenguaje está presente en él mismo. Así, la cuestión que refiere a la capacidad vocal, por ejemplo, no tendría relevancia en cuanto que sólo nos estaría hablando de un instrumento que el cuerpo nos brinda y no necesarianmente estaríamos haciendo referencia a esa capacidad de simbolización de la que habla el propio Gadamer o Cassirer, la cual nos lleva a mencionar que el hombre ha dejado de depender del dato sensible.
I.I.
Friday, 19 September 2008
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4 comments:
el lenguaje es algo complicado, al menos el del ser humano, pero ¿y si no existiera como lo conocemos? ¿y si nos comunicaramos como lo hacen los gatos o los perros?
por cierto ¿de que lado masca la iguana?.
pregunta tonta.o tal vez....
si el lenguaje es propio de cada especie, entonces ¿como podríamos desde nuestra perspectiva poder entender a los otros??
es cierto que somos seres racionales pero nuestra misma naturaleza egocéntrica nos lleva a creer que hay solo un camino en el razonamiento, ¿que pasaría si el mismo lenguaje no puede ser explicado por sí mismo ni con sus elementos? ¿estaríamos entonces preparados física, emocional e intelectualmente para enfrentar ese reto? o seguiremos viviendo día a día sin complicarnos dentro de nuestro cómodo mundo de signos abstractos...
Ya lo hallé.
Considero que el origen del lenguaje, si bien ha sido defenestrado a la palestra de discusiones bizantinas, no es menor considerar la conexión de su origen natural, pasando por las corporales (somatos) que nos diferencian del reino animal, para desembocar en el enigmático cosmos de la abstracción significado-significante. Si bien los sonidos y guturizaciones primitivas no implican una estructura lingual, su representación se la considera ya un mensaje y una evocación de futuro en ciernes, que no ha logrado animal alguno con sus esquemas de sonidos o símbolos.
La evolución del mensaje y del complejo código del lenguaje, no se sostiene sin esta premisa de orden orgánico-natural: su dimensión somática.
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